XACA LEFANT

somos mundo, somos aire, somos agua y penumbra sin caras. Somos la moneda que nunca cae.

jueves 3 de abril de 2008

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Los autos estacionan el neón de las 7:30. Un tiburón como que se lanza, es la luna sobre el Atlántico. Y ahí aparecen los autos y la arena, un descanso frío de noviembre y un litoral de peces blancos. Hay que saber perderse con el terror de los labios, las luces de los autos, la carretera, un momento de caminar descalzos. Dicen que huele a pino, a humedad, a sombra amarga; que las manos tiemblan como cortar madera, que se siente una tibieza de agujas en la espalda. Dicen que los ojos vuelan hasta posarse como siempre estuvieron: colibríes muertos en el pentagrama de la muerte; que los bordes detrás de los cerros no se dejan timbrar porque las aguas los arrastran. Dicen que los pies sudan un caudal púrpura sobre la pasividad de los árboles para equivocarles el regreso. Dicen que se les ve como nieve, con sus nunca vivos pequeñitos llorosos como las aguas que suben, suben, suben y nos callan con espuma en los ojos. Dicen, pero sólo dicen, porque la sangre se estanca si no se dice, porque las horas se vuelven palomas y se escapan al caer el vaho de los muertos, dicen.